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1693·La común fe
Pregunta 4 de 152
De la miseria del hombre

¿Qué nos exige la ley de Dios?

Respuesta

Lo que Cristo nos enseña a modo de resumen en : «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas». ()

Leer los 2 textos de prueba (Reina-Valera)
Mateo 22:37, 38, 39, 40
37Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Este es el primero y grande mandamiento. 39Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Lucas 10:27
Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

En la Confesión de 1689

19.6 De la ley de Dios
Aunque los verdaderos creyentes no estén bajo la ley como un pacto de obras para ser justificados o condenados por esta; aun así, la ley es de gran utilidad tanto para ellos como para otros: en el sentido de que, como una regla de vida que les informa acerca de la voluntad de Dios y su deber, los dirige y los obliga a andar en conformidad con esta; [y] les revela también las contaminaciones pecaminosas de sus naturalezas, corazones y vidas; para que, examinándose a la luz de esta, lleguen a una mayor convicción de [pecado], humillación por [el pecado] y aborrecimiento del pecado; así como a una visión más clara de la necesidad que tienen de Cristo y de la perfección de Su obediencia. La ley también es útil para los regenerados, para restringir sus corrupciones, en el sentido de que prohíbe el pecado; y sus amenazas sirven para mostrar lo que sus pecados todavía merecen; y qué aflicciones pueden esperar por estos en esta vida, aunque estén libres de la maldición y del rigor implacable de la ley. Las promesas de la ley también muestran a los regenerados que Dios aprueba la obediencia, y qué bendiciones pueden esperar por el cumplimiento de la ley, aunque no como si se les debiera por la ley como un pacto de obras; de manera que hacer lo bueno y abstenerse de lo malo porque la ley anima a [hacer] lo uno y disuade de lo otro no es evidencia de que un hombre esté bajo la ley, y no bajo la gracia.
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16.4 De las buenas obras
Quienes alcancen la máxima obediencia posible en esta vida se quedan tan lejos de poder supererogar y hacer más de lo que Dios requiere que no alcanzan mucho de lo que por deber están obligados a hacer.
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La ley como regla de vida
El sentir: ‘¡No dejes que la ley de Dios entre en tu conciencia!’ es el error que se refuta aquí. Desde luego, ¡no debemos dejar que la ley entre en nuestra conciencia ‘como pacto de obras’!
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 247.