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1693·La común fe
Pregunta 7 de 152
De la miseria del hombre

Entonces, ¿de dónde procede la maldad de la naturaleza del hombre?

Respuesta

De la Caída y desobediencia de nuestros primeros padres: Adán y Eva. Por eso nuestra naturaleza es tan corrupta que todos somos concebidos [en pecado] y nacemos en pecado. (; ; )

Leer los 3 textos de prueba (Reina-Valera)
Romanos 5:12, 18, 19
12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 18Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.
Salmos 51:5
He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
Génesis 5:3
Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.

En la Confesión de 1689

4.2 De la Creación
Después que Dios hizo todas las demás criaturas, creó al hombre, varón y hembra, con almas racionales e inmortales, haciéndolos aptos para esa vida para Dios para la cual fueron creados; siendo hechos a imagen de Dios, en conocimiento, justicia y santidad de la verdad; teniendo la ley de Dios escrita en sus corazones, y [teniendo] el poder para cumplirla; sin embargo, con la posibilidad de transgredir, por haber sido dejados a la libertad de su propia voluntad, la cual estaba sujeta a cambio.
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6.1 De la Caída del hombre, del pecado y su castigo
Aunque Dios creó al hombre recto y perfecto, y le dio una ley justa, la cual habría sido para vida si el hombre la hubiera guardado, y amenazó su transgresión con la muerte; aun así, el hombre no permaneció mucho tiempo en esta posición de honor; pues Satanás usó la astucia de la serpiente para seducir a Eva, y luego por medio de ella a Adán, quien sin compulsión alguna, al comer del fruto prohibido, transgredió voluntariamente la ley de su creación y el mandamiento que les había sido dado; lo cual agradó a Dios permitir, conforme a Su sabio y santo consejo, habiéndose propuesto ordenarlo para Su gloria.
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El hombre es la imagen de Dios
No hemos de pensar en la imagen de Dios como un apéndice o atributo del hombre. No deberíamos siquiera hablar del hombre como si poseyera la imagen de Dios. Pues la imagen no es algo que el hombre posea. Es algo que el hombre es. El hombre es la imagen de Dios.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 88.
Una imagen distorsionada
La respuesta es, claramente, que es una imagen muy distorsionada de Dios, una réplica muy inexacta. Esa imagen, por tanto, necesita ser renovada en la redención de los hombres (Col. 3:10; Ef. 4:24).
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 90.
Creados con la ley en el corazón
Cuando Adán y Eva fueron creados, no eran seres moralmente neutros a la espera de ser programados. Más bien, como criaturas portadoras de la imagen divina -conocimiento, justicia y verdadera santidad- se les dio una comprensión interna de la Ley de Dios, la transcripción de Su propia perfección moral (cf. 19.1).
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 4, sección «La creación del hombre».
El pecado como autonomía
Esta definición del pecado da a entender varias observaciones prácticas más. Si el pecado es (negativamente) transgresión de la ley divina, entonces puede describirse (positivamente) como autonomía, es decir, ser o desear ser ley para uno mismo. Es dar por supuesto o desear la independencia de Dios y de su ley.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 105.
Una definición liberadora
La definición del pecado que aquí se ofrece es liberadora. La ley de Dios es una ley de libertad (Sal. 119:45; Stg. 1:25; 2:12). Si el pecado es sólo la transgresión de la ley de Dios, entonces no es la transgresión de lo que mi amigo piensa y no es amarme a mí mismo. ¡Qué concepto tan liberador para nuestras conciencias!
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 106.