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1693·La común fe
Pregunta 19 de 158
El hombre

¿Qué les dio Dios a Adán y a Eva además de cuerpos?

Respuesta

Les dio almas que nunca podrían morir (; ).

Leer los 2 textos de prueba (Reina-Valera)
Génesis 2:7
Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Mateo 10:28
Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

En la Confesión de 1689

4.2 De la Creación
Después que Dios hizo todas las demás criaturas, creó al hombre, varón y hembra, con almas racionales e inmortales, haciéndolos aptos para esa vida para Dios para la cual fueron creados; siendo hechos a imagen de Dios, en conocimiento, justicia y santidad de la verdad; teniendo la ley de Dios escrita en sus corazones, y [teniendo] el poder para cumplirla; sin embargo, con la posibilidad de transgredir, por haber sido dejados a la libertad de su propia voluntad, la cual estaba sujeta a cambio.
Leer el capítulo con sus pruebas →
El hombre es la imagen de Dios
No hemos de pensar en la imagen de Dios como un apéndice o atributo del hombre. No deberíamos siquiera hablar del hombre como si poseyera la imagen de Dios. Pues la imagen no es algo que el hombre posea. Es algo que el hombre es. El hombre es la imagen de Dios.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 88.
Una imagen distorsionada
La respuesta es, claramente, que es una imagen muy distorsionada de Dios, una réplica muy inexacta. Esa imagen, por tanto, necesita ser renovada en la redención de los hombres (Col. 3:10; Ef. 4:24).
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 90.
Creados con la ley en el corazón
Cuando Adán y Eva fueron creados, no eran seres moralmente neutros a la espera de ser programados. Más bien, como criaturas portadoras de la imagen divina -conocimiento, justicia y verdadera santidad- se les dio una comprensión interna de la Ley de Dios, la transcripción de Su propia perfección moral (cf. 19.1).
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 4, sección «La creación del hombre».