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1693·La común fe
Pregunta 20 de 158
El hombre

¿Tienes un alma además de un cuerpo?

Respuesta

Sí. Tengo un alma que nunca puede morir (; ; ).

Leer los 3 textos de prueba (Reina-Valera)
Eclesiastés 12:7
y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
Filipenses 1:22-24
22Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; 24pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.
Santiago 2:26
Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

En la Confesión de 1689

4.2 De la Creación
Después que Dios hizo todas las demás criaturas, creó al hombre, varón y hembra, con almas racionales e inmortales, haciéndolos aptos para esa vida para Dios para la cual fueron creados; siendo hechos a imagen de Dios, en conocimiento, justicia y santidad de la verdad; teniendo la ley de Dios escrita en sus corazones, y [teniendo] el poder para cumplirla; sin embargo, con la posibilidad de transgredir, por haber sido dejados a la libertad de su propia voluntad, la cual estaba sujeta a cambio.
Leer el capítulo con sus pruebas →
El hombre es la imagen de Dios
No hemos de pensar en la imagen de Dios como un apéndice o atributo del hombre. No deberíamos siquiera hablar del hombre como si poseyera la imagen de Dios. Pues la imagen no es algo que el hombre posea. Es algo que el hombre es. El hombre es la imagen de Dios.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 88.
Una imagen distorsionada
La respuesta es, claramente, que es una imagen muy distorsionada de Dios, una réplica muy inexacta. Esa imagen, por tanto, necesita ser renovada en la redención de los hombres (Col. 3:10; Ef. 4:24).
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 90.
Creados con la ley en el corazón
Cuando Adán y Eva fueron creados, no eran seres moralmente neutros a la espera de ser programados. Más bien, como criaturas portadoras de la imagen divina -conocimiento, justicia y verdadera santidad- se les dio una comprensión interna de la Ley de Dios, la transcripción de Su propia perfección moral (cf. 19.1).
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 4, sección «La creación del hombre».