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1693·La común fe
Pregunta 44 de 61
El primer catecismo de las cuatro condiciones de todo hombre

¿Cuál es nuestra condición ahora, a causa del pecado y la desobediencia de Adán, al comer el fruto que Dios le había prohibido?

Respuesta

Nuestra condición por naturaleza es muy mala: es pecaminosa y está maldita (; ; ).

Leer los 3 textos de prueba (Reina-Valera)
Efesios 2:1-3
1Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
Romanos 5:12, 18
12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 18Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
Gálatas 3:12
y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

En la Confesión de 1689

9.3 Del libre albedrío
El hombre, por su Caída en un estado de pecado, ha perdido enteramente toda capacidad de la voluntad para cualquier bien espiritual que acompañe la salvación; por tanto, como hombre natural, por ser completamente averso a ese bien y [estar] muerto en pecado, no puede por sus propias fuerzas convertirse a sí mismo ni prepararse para ello.
Leer el capítulo con sus pruebas →
¿Responsabilidad implica capacidad?
Aun en nuestra experiencia común, no siempre decimos que la responsabilidad implica capacidad. El ejemplo del conductor borracho muestra que la premisa es ridícula. Él no puede mantener su automóvil en el lado derecho de la calzada. No puede obedecer el código de circulación.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 149.
«¡No hay buscadores!»
Por esta razón, un hombre caído no puede convertirse ni prepararse para la conversión. ¡No hay buscadores! El hombre, a causa de su caída, y abandonado a sí mismo, no puede hacer nada para agradar a Dios. No puede dar el más pequeño paso en dirección a Dios.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 9, sección «El hombre después de la caída: La incapacidad total».