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1693·La común fe
Pregunta 87 de 152
De la Cena del Señor

Entonces, ¿por qué Cristo llama al pan Su cuerpo y a la copa Su sangre, o el nuevo pacto en Su sangre, y San Pablo llama al pan y el vino la participación en el cuerpo y en la sangre de Cristo?

Respuesta

Cristo habla de esta manera por una gran razón, a saber, no solo para enseñarnos que así como el pan y el vino sustentan la vida del cuerpo, también Su cuerpo crucificado y Su sangre derramada son la verdadera comida y la verdadera bebida de nuestra alma, por medio de los cuales esta es alimentada para vida eterna. [P]ero mucho más [importante] que eso, por medio de esta señal y promesa visibles, Él nos puede asegurar que somos partícipes de Su cuerpo y Su sangre, mediante el obrar del Espíritu Santo, tan cierto como que percibimos con la boca de nuestro cuerpo estas santas señales en memoria de Él; y aún más, [nos puede asegurar] que Sus sufrimientos y obediencia son ciertamente tan nuestros, como si nosotros mismos hubiéramos sufrido los castigos por nuestros pecados y hubiéramos satisfecho a Dios. (; )

Leer los 2 textos de prueba (Reina-Valera)
Juan 6:51, 55, 56
51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
1 Corintios 10:16, 17
16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

En la Confesión de 1689

30.2 De la Cena del Señor
En esta ordenanza, Cristo no es ofrecido a Su Padre ni se hace en absoluto ningún sacrificio real para el perdón de pecados ni de los vivos ni de los muertos; sino que es solo un memorial de aquel único ofrecimiento de Sí mismo [hecho] por Él mismo en la cruz una vez para siempre; y [es] una oblación espiritual de toda alabanza posible a Dios por ello. De modo que el sacrificio papista de la misa ―como la llaman― es de lo más abominable e injurioso para el propio y único sacrificio de Cristo, [que es] la única propiciación por todos los pecados de los elegidos.
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30.6 De la Cena del Señor
La doctrina que sostiene un cambio de sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo (llamada comúnmente transubstanciación) por la consagración de un sacerdote, o de cualquier otra manera, es repugnante no solo para la Escritura , sino incluso para el sentido común y la razón; trastorna la naturaleza de la ordenanza; y ha sido, y es, la causa de muchas y diversas supersticiones, y hasta de groseras idolatrías.
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Más que autoexamen
La Mesa del Señor no se celebra adecuadamente si nos detenemos en el autoexamen y la confesión de pecado. Fue instituida en medio de acciones de gracias, bendiciones e himnos.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 369.