← Un Catecismo Ortodoxo
82
Apéndice: De la imposición de manos

¿No seguían los dones extraordinarios del Espíritu a la imposición de manos en el tiempo de los apóstoles?

Respuesta

Sí, pero no simplemente como el fin de esta ordenanza, [p]orque fue ordenada para los dones ordinarios del Espíritu hasta el fin del mundo; aunque es cierto que Dios honró y coronó dicha ordenanza con señales y prodigios en los tiempos primitivos, como hizo con otras [ordenanzas] que Él ordenó. Por ejemplo, en Hechos 4, el lugar [donde estaban reunidos] tembló por el efecto de la oración de la iglesia; así también fue coronada extraordinariamente la predicación cuando San Pedro convirtió a tres mil en un solo sermón; y cuando Dios dio el Espíritu Santo a la casa de Cornelio mientras Pedro estaba predicando, de tal manera que hablaban en lenguas (Hechos 10). Dios también coronó extraordinariamente la santa ordenanza del bautismo cuando el Espíritu vino en semejanza de paloma y permaneció sobre nuestro Salvador Cristo al salir este último del agua (Mateo 3) y oírse una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido». También al eunuco le fue confirmado prodigiosamente su bautismo cuando Dios arrebató a Felipe tan pronto como salió del agua, de tal manera que [el eunuco] continuó su camino gozoso. Ahora bien, amados, así como la oración, el bautismo y la predicación no han cesado, aunque se reconozca que no son tan milagrosos como en los tiempos primitivos, tampoco ha cesado la imposición de manos, por la misma razón, aunque no sea coronada ahora de la misma manera que en los días de los apóstoles. Además, nuestros hermanos sostienen generalmente que es deber de cada uno de los miembros creer y practicar cinco de esos principios en Hebreos 6, es decir, todo miembro —dicen— debería arrepentirse, creer, ser bautizado, creer en la resurrección de los muertos y en el Juicio eterno. Jamás he visto ni puedo ver ninguna buena razón para que la práctica de todo cristiano excluya el [deber] de imponer las manos, pues esta es una ordenanza práctica, no es suficiente una mera creencia en esta, está entre los principios universales de la doctrina de Cristo.