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Apéndice: De la imposición de manos

¿Es deber de todo cristiano someterse a esta práctica?

Respuesta

Así es. Y resulta claro, si consideramos primeramente la práctica de los santos de la iglesia primitiva. [P]odemos leer en Hechos 8:12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19 sobre hombres y mujeres que fueron bautizados por Felipe en Samaria. Cuando la iglesia en Jerusalén oyó acerca de esto, les enviaron a San Pedro y San Juan (dos apóstoles), quienes al llegar allí les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. —¡¿Qué?!, ¡¿ellos?!— algunos podrían decir—. ¿Los mismos hombres y mujeres que habían sido bautizados? Lo mismo sucedió en Hechos 19:6, 7. Cuando Pablo llegó a Éfeso, encontró allí a algunos discípulos que habían sido bautizados pero no habían oído si hay un Espíritu Santo, ni —supongo— de la promesa del Espíritu Santo mencionada en Hechos 1:4. [E]ntonces el apóstol les impuso las manos, y recibieron el Espíritu Santo; se dice que eran en total unos doce hombres; y la razón nos muestra en este pasaje (y en Hechos 8, donde San Pedro y San Juan les impusieron las manos a hombres y mujeres) que si hubiera habido allí doce veces veinte, [aun así] él les habría impuesto las manos a todos ellos. Y aunque se objeta que no hallamos en Hechos 2 a los tres mil sometiéndose a esta ordenanza, ni a muchos otros que fueron bautizados, [respondemos que,] en cuanto a los tres mil, está bastante claro que se les había enseñado, y que —por ende— no hay dudas de que practicaron esta ordenanza, si consideramos el escrito del apóstol a los judíos en Hebreos 5 [donde] les dice que tenían necesidad de que alguien les enseñara los principios elementales de los oráculos de Dios, uno de los cuales era la imposición de manos. Y en cuanto a otros que habían sido bautizados en pasajes donde no se menciona que se habían sometido a esta ordenanza, también podemos decir que fueron bautizados muchos cientos que no se mencionan. ¿Concluiremos que muchos de los apóstoles no fueron bautizados porque no se menciona de manera particular? Por tanto, debemos concluir que los santos de la iglesia primitiva no se quedaban cortos en este punto, aunque no siempre se especifique; puesto que es llamado uno de los oráculos de Dios, como —sabemos todos— lo es la ley moral, la cual es perpetuamente vinculante y universalmente obligatoria. También es llamado un principio de la doctrina de Cristo, es más, uno de los «principios elementales», y eso no es todo, es llamado además un principio fundamental, [entonces] este, junto con los otros cinco, debe ser puesto primero en ese fundamento sobre el cual debe edificarse la superestructura del cristianismo. ¿Acaso no habría sido muy impropio que los judíos hubieran excluido el cuarto mandamiento cuando Dios les dio los Diez Mandamientos? ¿No es igualmente impropio que cualquier persona excluya el cuarto principio de la imposición de manos, un principio práctico de la doctrina de Cristo, y —por tanto— practicado por los cristianos de la iglesia primitiva? (Hebreos 5:11, 12; Hechos 7:38; Hebreos 1:2)