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1693·La común fe
Pregunta 19 de 152
De la liberación del hombre

¿Cómo sabes esto?

Respuesta

Por el evangelio, que Dios dio a conocer primero en el paraíso, después divulgándolo por medio de los patriarcas y profetas, siendo revelado en sombras mediante sacrificios y otras ceremonias de la ley, pero por último, cumpliéndolo por medio de Su unigénito Hijo[,] Cristo nuestro Señor. (; y ; ; ; y ; ; ; ; y ; )

Leer los 13 textos de prueba (Reina-Valera)
Génesis 3:15
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Génesis 22:18
En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
Génesis 49:10, 11
10No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos. 11Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto.
Romanos 1:2
que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras
Hebreos 1:1
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas
Hechos 3:22
Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable
Hechos 10:43
De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
Juan 5:46
Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
Hebreos 10:7
Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí.
Romanos 10:4
porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.
Gálatas 4:4
Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley
Gálatas 3:24
De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
Hebreos 13:8
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

En la Confesión de 1689

8.2 De Cristo el Mediador
El Hijo de Dios, la segunda Persona en la Santa Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, el resplandor de la gloria del Padre, de una sola y la misma sustancia que Él e igual a Él; que hizo el mundo, [y] quien sostiene y gobierna todas las cosas que ha hecho; cuando vino la plenitud del tiempo, tomó la naturaleza del hombre, con todas sus propiedades esenciales y debilidades comunes, pero sin pecado; siendo concebido por el Espíritu Santo en el seno de la virgen María, al venir el Espíritu Santo sobre ella y cubrirla el poder del Altísimo con Su sombra, así nació de mujer, de la tribu de Judá, de la descendencia de Abraham y de David, conforme a las Escrituras. De modo que dos naturalezas enteras, perfectas y distintas se unieron inseparablemente en una sola Persona; sin conversión, composición ni confusión; Persona que es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre; pero [es] un solo Cristo, el único Mediador entre Dios y el hombre.
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1.1 De las Santas Escrituras
La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores. Aunque la luz de la naturaleza y las obras de la Creación y de la providencia manifiestan la bondad, sabiduría y poder de Dios, de tal manera que dejan a los hombres sin excusa; aun así, no son suficientes para dar el conocimiento de Dios y de Su voluntad que es necesario para la salvación. Por lo tanto, agradó al Señor, en muchas ocasiones y de muchas maneras, revelarse y declarar Su voluntad a Su Iglesia; y después, para preservar y propagar mejor la verdad, y para el establecimiento y consuelo más seguros de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, [le agradó] poner por escrito la misma [es decir, la Santa Escritura] en su totalidad; lo cual hace que las Santas Escrituras sean sumamente necesarias, habiendo cesado ya aquellas maneras anteriores en las que Dios revelaba Su voluntad a Su pueblo.
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Por qué la Confesión empieza por la Escritura
El capítulo 1 articula la base epistemológica fundamental de la teología cristiana, a saber, las Santas Escrituras. Estas proporcionan los bloques de construcción de todos los encabezados doctrinales sucesivos. La verdadera teología se erige sobre la Palabra de Dios.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 1, sección «De las Santas Escrituras».
¿Por qué una revelación escrita?
La necesidad absoluta de la revelación redentora para la salvación matiza y requiere la necesidad de las Escrituras. Los hombres han sido salvados sin las Escrituras, pero no sin una revelación redentora. […] Como medio necesario para este fin necesario, las Escrituras mismas son necesarias.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, pp. 34–35.
¿Quién es Jesucristo?
Un cristiano puede no dar una respuesta sencilla a la pregunta: ‘¿Quién es Jesucristo?’ Debe decir que es Dios; pero no sólo debe decir eso. Debe decir también que es hombre.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 133.
«De su sustancia» y la carne celestial
Tenemos que notar que 2CFL omite una frase importante incluida en CFW y Savoy-de su sustancia-y en su lugar añade una larga declaración, parcialmente extraída del artículo nueve de 1CFL. […] La cristología hoffmannita sostenía que Cristo no tomó su humanidad de María, sino que Jesús trajo la carne celestial del cielo a la tierra "como una perla del rocío celestial en una concha".
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 8, sección «La identidad del mediador».
Verdadero hombre
Cuando la Confesión utiliza el lenguaje de las enfermedades comunes habla de todas las realidades que experimentamos como humanos: Estaba cansado, tenía hambre, tenía sed. De niño habría tenido que aprender a sujetar un instrumento para aprender a escribir los caracteres del alfabeto hebreo (o arameo).
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 8, sección «La identidad del mediador».