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1693·La común fe
Pregunta 124 de 152
De la ley de Dios

¿No parece que este mandamiento prohíbe el asesinato solamente?

Respuesta

Al prohibir el asesinato, Dios nos enseña además que Él odia la raíz [del asesinato], a saber: la ira, la envidia, el odio y el deseo de venganza; y que considera todos estos como asesinato. (; ; ; ; )

Leer los 5 textos de prueba (Reina-Valera)
Santiago 1:20
porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Gálatas 5:20, 21
20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías 21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Romanos 1:29
estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades
1 Juan 2:9, 11
9El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 11Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.
1 Juan 3:15
Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

En la Confesión de 1689

19.5 De la ley de Dios
La ley moral obliga para siempre a todos, tanto a los justificados como a los demás, a que se la obedezca, y no solo en lo referente a la materia contenida en esta, sino también en lo que se refiere a la autoridad de Dios el Creador, quien la dio. Tampoco Cristo, en el evangelio, abroga de ninguna manera esta obligación, sino que la refuerza mucho.
Leer el capítulo con sus pruebas →
Cristo refuerza la ley moral
Cristo no disuelve esta obligación, sino que la refuerza. Así pues, la ley moral perdura a lo largo de toda la historia redentora: siempre está en vigor.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 19, sección «La perpetuidad de la ley moral».