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1693·La común fe
Pregunta 115 de 152
De la ley de Dios

Entonces, ¿es un pecado tan grave tomar el Nombre de Dios en vano por blasfemar o maldecir, que Dios está airado también con aquellos que no lo prohíban o impidan con todas sus fuerzas?

Respuesta

Ciertamente es gravísimo, pues no hay pecado más grande o más ofensivo a Dios que despreciar Su sagrado Nombre, por lo cual también mandó que este pecado fuera castigado con la muerte. (; )

Leer los 2 textos de prueba (Reina-Valera)
Levítico 5:1
Si alguno pecare por haber sido llamado a testificar, y fuere testigo que vio, o supo, y no lo denunciare, él llevará su pecado.
Levítico 24:15, 16
15Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. 16Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera.

En la Confesión de 1689

23.2 De los juramentos y votos lícitos
Solo por el Nombre de Dios es que los hombres deben jurar, y debe usarse en ello con todo santo temor y reverencia. Por lo tanto, jurar vana o precipitadamente por ese Nombre glorioso y temible, o si quiera jurar por cualquier otra cosa, es pecaminoso y debe ser aborrecido. Sin embargo, en asuntos de peso e importancia, como confirmación de la verdad y el fin a toda discusión, un juramento está justificado por la Palabra de Dios. Así que debe prestarse un juramento lícito cuando la autoridad legítima lo imponga en tales asuntos.
Leer el capítulo con sus pruebas →
«No juréis en ninguna manera»
Cualquiera que sea lo que Cristo y Santiago quieren decir con ‘no juréis en ninguna manera’ en Mateo 5:33-37 y Santiago 5:12, no pueden querer decir que nunca es correcto tomar un juramento.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 284.
«Lo juro por Dios»
Juntos, estos versículos presentan un argumento poderoso, pocas veces escuchado por la gente que rápidamente dice: "Lo juro por Dios". Tal lenguaje solo debe usarse con moderación y gran precaución, porque el Señor ve y oye.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 23, sección «La santidad de un juramento».