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1693·La común fe
Pregunta 1 de 152
Introducción

¿Cuál es tu único consuelo en la vida y en la muerte?

Respuesta

Que tanto en alma como en cuerpo, ya sea que viva o muera, no me pertenezco a mí mismo, sino completamente a mi fidelísimo Señor y Salvador Jesucristo, Quien, al dar plena satisfacción por todos mis pecados mediante Su preciosísima sangre, me ha librado de todo el poder del diablo, y me preserva de tal manera que ni un cabello puede caer de mi cabeza sin [permitirlo] la voluntad de mi Padre celestial. Es más, todas las cosas deben servir para mi salvación; por lo tanto, por medio de Su Espíritu, Él también me asegura que [tengo] vida eterna, y me alista y prepara, para que en adelante viva para Él. (; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; )

Leer los 17 textos de prueba (Reina-Valera)
1 Corintios 6:19
¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
1 Tesalonicenses 5:10
quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.
Romanos 14:8
Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
1 Corintios 3:23
y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
1 Pedro 1:18, 19
18sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación
1 Juan 1:7
pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
1 Juan 2:2
Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
1 Juan 3:8
El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
Hebreos 2:14, 15
14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo 15y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
Juan 6:39
Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
Mateo 10:30
Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
Lucas 21:18
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.
Romanos 8:28
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
2 Corintios 1:12
Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros.
2 Corintios 5:5
Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.
Efesios 1:13, 14
13En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa 14que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Romanos 8:24, 25
24Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

En la Confesión de 1689

8.5 De Cristo el Mediador
El Señor Jesús, por Su perfecta obediencia y el sacrificio de Sí mismo que ofreció a Dios una sola vez por medio del Espíritu eterno, ha satisfecho plenamente la justicia de Dios, ha conseguido la reconciliación y ha adquirido una herencia eterna en el Reino de los cielos para todos aquellos que el Padre le ha dado.
Leer el capítulo con sus pruebas →
17.1 De la perseverancia de los santos
Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado [y] ha llamado eficazmente y santificado por Su Espíritu y ha dado la preciosa fe de Sus elegidos no pueden caer total ni definitivamente del estado de gracia; sino que ciertamente perseverarán en este hasta el fin y serán salvos eternamente, en vista de que los dones y llamamientos de Dios son irrevocables (por eso Él todavía engendra y nutre en ellos la fe, el arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas las gracias del Espíritu para inmortalidad), y aunque muchas tormentas e inundaciones se levanten contra ellos y los azoten, aun así, nunca podrán arrancarlos del fundamento y roca al que son sujetados firmemente mediante la fe. A pesar de que, por la incredulidad y las tentaciones de Satanás, la visión perceptible de la luz y el amor de Dios puede que les sea nublada y oscurecida por un tiempo, aun así, Él sigue siendo el mismo y ellos estarán seguros de que serán guardados por el poder de Dios para salvación, donde gozarán de su posesión adquirida, pues están grabados en las palmas de Sus manos y sus nombres han sido escritos en el Libro de la Vida desde toda la eternidad.
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¿Quién mató a Cristo?
¿Qué hay en el carácter de Dios que hizo necesaria la expiación de Cristo? Es su justicia (Ro. 3:26; Gá. 4:4; Ro. 8:3; Gá. 3:13; 2 Co. 5:21; 1 Co. 15:56). No fue Pilato, o los judíos o Satanás quien mató a Cristo. Fue Dios. Fue la justicia divina.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 137.
Todos, no la mayoría
La perseverancia de los santos no significa que la mayoría lo logrará o que, en general, los cristianos perseverarán, sino que todo verdadero cristiano ciertamente…
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 223.

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