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1693·La común fe
Pregunta 82 de 288
De Dios, el hombre y el pecado

Pero ¿cómo he de servir a Dios? No sé cómo adorarle.

Respuesta

Los verdaderos adoradores adoran a Dios en espíritu y en verdad (; ).

Leer los 2 textos de prueba (Reina-Valera)
Juan 4:24
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Filipenses 3:3
Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.

En la Confesión de 1689

22.1 De la adoración religiosa y el día de reposo
La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios que tiene señorío y soberanía sobre todo; [que] es justo, bueno y hace el bien a todos; por lo tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, se debe confiar en Él y debe ser servido con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Pero la manera aceptable de adorar al Dios verdadero está instituida por Él mismo; y [está] tan delimitada por Su propia voluntad revelada que no puede ser adorado conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres ni las sugerencias de Satanás, [ni] por medio de ninguna representación visible, ni de ninguna otra manera no prescrita en las Santas Escrituras.
Leer el capítulo con sus pruebas →
22.2 De la adoración religiosa y el día de reposo
La adoración religiosa debe tributarse a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo, y solo a Él ; no a ángeles, ni a santos, ni a ninguna otra criatura; y desde la Caída, no [debe tributarse] sin un Mediador, ni por la mediación de ningún otro, sino solo [por medio de] Cristo.
Leer el capítulo con sus pruebas →
El principio regulador
G.I. Williamson expresa provechosa y popularmente el principio ejemplificado en la Confesión: ‘Lo que se manda es correcto, y lo que no se manda es erróneo’.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 273.
¿Por qué tanta ligereza en el culto?
Con este amplio apoyo bíblico, ¿por qué son los hombres tan indulgentes en su adoración? Es porque el Dios de los hombres modernos no es un Dios que ha de ser temido.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 276.