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1693·La común fe
Pregunta 1 de 82
Las Sagradas Escrituras

¿Cuál es la finalidad principal del hombre?

Respuesta

La finalidad principal del hombre es glorificar a Dios () y disfrutar de él para siempre ().

Leer los 2 textos de prueba (Reina-Valera)
1 Corintios 10:31
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
Salmo 73:25-26
25¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

En la Confesión de 1689

2.2 De Dios y de la Santa Trinidad
Puesto que Dios tiene en Sí mismo y de Sí mismo toda vida, gloria, bondad y bienaventuranza, es el único todosuficiente en Sí mismo y para Sí mismo, pues no tiene necesidad de ninguna de las criaturas que ha hecho ni deriva gloria alguna de ellas, sino que solamente manifiesta Su gloria en ellas, por medio de ellas, hacia ellas y sobre ellas; Él es la única fuente de todo ser, de quien, por medio de quien y para quien son todas las cosas, y tiene soberanísimo dominio sobre todas las criaturas para hacer por medio de ellas, para ellas o sobre ellas todo lo que le agrade. Todas las cosas están al descubierto y desnudas ante Sus ojos, Su conocimiento es infinito, infalible e independiente de la criatura, de modo que para Él no hay nada contingente o incierto. Es santísimo en todos Sus consejos, en todas Sus obras y en todos Sus mandatos. A Él se le debe , por parte de los ángeles y los hombres, toda adoración, servicio u obediencia que como criaturas deben al Creador, y cualquier cosa adicional que a Él le agrade requerir de ellos.
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4.2 De la Creación
Después que Dios hizo todas las demás criaturas, creó al hombre, varón y hembra, con almas racionales e inmortales, haciéndolos aptos para esa vida para Dios para la cual fueron creados; siendo hechos a imagen de Dios, en conocimiento, justicia y santidad de la verdad; teniendo la ley de Dios escrita en sus corazones, y [teniendo] el poder para cumplirla; sin embargo, con la posibilidad de transgredir, por haber sido dejados a la libertad de su propia voluntad, la cual estaba sujeta a cambio.
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El dominio de Dios
Por esta razón, Dios tiene dominio. No es algo que se le haya dado, ni siquiera algo que Él tome. Es suyo en virtud de su propia existencia. Él es el creador, el alfarero, y sus criaturas son simplemente sus súbditos. Ni más ni menos. Tiene derecho a hacer con ellas lo que le plazca.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 2, sección «Las relaciones exteriores de Dios».
El hombre es la imagen de Dios
No hemos de pensar en la imagen de Dios como un apéndice o atributo del hombre. No deberíamos siquiera hablar del hombre como si poseyera la imagen de Dios. Pues la imagen no es algo que el hombre posea. Es algo que el hombre es. El hombre es la imagen de Dios.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 88.
Una imagen distorsionada
La respuesta es, claramente, que es una imagen muy distorsionada de Dios, una réplica muy inexacta. Esa imagen, por tanto, necesita ser renovada en la redención de los hombres (Col. 3:10; Ef. 4:24).
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 90.
Creados con la ley en el corazón
Cuando Adán y Eva fueron creados, no eran seres moralmente neutros a la espera de ser programados. Más bien, como criaturas portadoras de la imagen divina -conocimiento, justicia y verdadera santidad- se les dio una comprensión interna de la Ley de Dios, la transcripción de Su propia perfección moral (cf. 19.1).
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 4, sección «La creación del hombre».

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