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Del Bautismo

En vista de que los infantes de los creyentes están —como dicen algunos— en el Pacto de Gracia junto con sus padres, ¿por qué bajo el evangelio no pueden ser bautizados dichos infantes, así como bajo la ley fueron circuncidados los descendientes infantes de Abraham?

Respuesta

Decir que los infantes de los creyentes están en el Pacto de Gracia debe significar [1] que el Pacto de Gracia [tiene que ser] considerado absolutamente; y si es así, entonces ninguno de los descendientes infantes de los creyentes apostatará total ni definitivamente del pacto, sino que todos ellos deben ser salvos (Jeremías 32:38, 39, 40; Juan 10:28). O, [2] deben querer decir [que el Pacto de Gracia tiene que ser considerado] condicionalmente, teniendo en cuenta que, cuando dichos infantes lleguen a la edad de madurez, tendrán los privilegios de este pacto, por medio de la fe, el amor y la santidad de vida verdaderos, manteniéndose firmes en el Pacto de Gracia de Dios. Como esto es lo que quieren decir, entonces pregunto, ¿qué privilegio espiritual real tienen los descendientes infantes de los creyentes, como tales, sobre los descendientes infantes de los incrédulos, si estos también llegan a la edad de madurez y se mantienen firmes en el Pacto de Dios por medio de la fe y el amor verdaderos? Pregunto además, teniendo en cuenta estas consideraciones, ¿no pertenecería el sello del pacto tanto a los hijos de los incrédulos como a los hijos de los creyentes? Así es, y aún más si los descendientes infantes de los incrédulos se mantienen firmes en el Pacto de Dios, y los descendientes infantes de los creyentes no, como se ve a menudo para el pesar de muchos padres piadosos. 3. Suponiendo que todos los descendientes infantes de los creyentes [estuvieran] en el Pacto de Gracia de manera absoluta, aun así, bajo el evangelio, los creyentes no deberían bautizar a sus descendientes infantes, como tampoco Lot debía circuncidarse o circuncidar a sus descendientes infantes, si hubiera tenido [hijos] varones además de tener hijas, aunque era pariente cercano de Abraham, es más, era creyente, y estaba en el Pacto de Gracia también, puesto que la circuncisión se limitaba a Abraham y a su familia. Además, por esa misma regla podemos traer infantes a la Mesa del Señor, porque se requieren los mismos requisitos para la debida administración del bautismo que para la Cena del Señor (Hechos 2:41, 42). 4. Debemos saber que el pacto hecho con Abraham tenía dos partes: [4.1] La primera, una [parte] espiritual que consistía en la promesa de Dios de ser Dios para Abraham y toda su descendencia espiritual de una manera peculiar, ya sea que estuvieran circuncidados o no, los que creyeran como creyó Abraham, el padre de los fieles. Y la señal con la que esto fue expresado fue que Dios aceptó como Su pueblo a aquellos que no fueran de la descendencia de Abraham pero fueran comprados con su dinero, y esta promesa fue sellada a Abraham con la circuncisión, para que —por medio de Jesucristo (a Quien Isaac tipificaba)— a los gentiles (la incircuncisión que creyera) les fuera contada su fe por justicia, como a Abraham le fue contada su fe por justicia antes de que fuera circuncidado (Génesis 17:19, 21; Génesis 21:10; Gálatas 4:30; Hechos 2:39; Romanos 9:7, 8, etc.; Gálatas 3:16, 28, 29; Romanos 4:9, 10, 11, 12, 13, 14). [4.2] La segunda parte de esta promesa consistía en bienes temporales. Por tanto, Dios prometió que los descendientes de Abraham disfrutarían de la tierra de Canaán, y tendrían abundancia de bendiciones externas, así selló esta promesa con la circuncisión. También era una marca distintiva de los judíos como pueblo de Dios, apartados de todas las naciones de los gentiles, que todavía no eran la descendencia de Abraham. Pero, cuando los gentiles creyeron y por medio de la fe vinieron a ser el pueblo de Dios al igual que los judíos, entonces la circuncisión, esa marca distintiva, cesó. Ahora la marca distintiva de ser hijos de Dios es la fe en Cristo y la circuncisión del corazón. Por lo tanto, sin importar qué pretexto exista para bautizar a los infantes de los creyentes, [ya sea] porque (1) son los descendientes de los creyentes, o (2) porque están en el pacto, o (3) porque los descendientes infantes de Abraham, un creyente, fueron circuncidados, todo esto —como ven— para nada aprovecha; pues la circuncisión se limitaba a dicha familia, la de Abraham[;] todos los demás, aunque [fueran] creyentes, estaban excluidos. [T]ambién se limitaba a un día específico, al octavo, y sin importar qué pretexto se dé, [la circuncisión] no debía ser hecha antes, ni después. [S]e limitaba además a un sexo específico, los varones, no era para las mujeres; y si el bautismo ha tomado el lugar de la circuncisión y es el sello del pacto bajo el evangelio, como lo era la circuncisión bajo la ley, solo los varones deben ser bautizados, porque solo ellos eran circuncidados. Pero, como fue bajo la ley con respecto a la circuncisión, así es también ahora bajo el evangelio con respecto al bautismo; depende completamente de la voluntad del Legislador en qué tiempo, a qué personas y en qué términos debe administrarse el bautismo. Haremos bien en prestar atención a tal Profeta (Hechos 3:22). (Génesis 15:18; Génesis 17:8, 9, 10, 11; Génesis 12:6, 7; Génesis 13:15, 16, 17; Génesis 15:16; Juan 1:12; Romanos 2:28, 29; Filipenses 3:3; Gálatas 3:26, 27, 28)