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1693·La común fe
Pregunta 147 de 152
De la oración

¿Cuál es la tercera petición?

Respuesta

«Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo». Es decir, concédenos a nosotros y a todo hombre que, renunciando a nuestra propia voluntad y abandonándola, obedezcamos Tu voluntad —que no es sino santa— dispuestamente y sin ninguna reticencia; y que así cada uno de nosotros cumpla fielmente el deber y responsabilidad que nos has confiado, como hacen los benditos ángeles en el Cielo. (; ; ; ; )

Leer los 5 textos de prueba (Reina-Valera)
Mateo 16:24
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Tito 2:12
enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente
Lucas 22:42
diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
1 Corintios 7:24
Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios.
Salmos 103:20, 21
20Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto. 21Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, Ministros suyos, que hacéis su voluntad.

En la Confesión de 1689

22.3 De la adoración religiosa y el día de reposo
La oración con acción de gracias, por ser una parte especial de la adoración natural, es requerida por Dios de todos los hombres. Pero, para que sea aceptada, debe ser hecha en el Nombre del Hijo, con la ayuda del Espíritu, conforme a Su voluntad; con entendimiento, reverencia, humildad, fervor, fe, amor y perseverancia; y cuando [se ore] con otros, [se debe orar] en una lengua conocida.
Leer el capítulo con sus pruebas →
22.4 De la adoración religiosa y el día de reposo
La oración debe hacerse por cosas lícitas, y por toda clase de hombres que viven o vivirán más adelante; pero no [debe hacerse] por los muertos, ni por aquellos de quienes se puede saber que han cometido el pecado de muerte.
Leer el capítulo con sus pruebas →
Orar con entendimiento
La primera, la comprensión, sitúa firmemente la oración en el ámbito de la realidad. No es una experiencia mística, sino un ejercicio del intelecto.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 22, sección «La oración a la luz de la Revelación general y especial».
«En una lengua conocida»
¿Abren las confesiones aquí la puerta para la práctica de hablar en lenguas? La respuesta simple es un firme no.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 22, sección «La oración a la luz de la Revelación general y especial».