← Instrucción para el Ignorante
52
De Dios, el hombre y el pecado
Pero ¿por qué no habrían de ser castigados los impíos con este castigo en este mundo, para que lo viéramos y creyéramos?
Respuesta
Si los impíos hubieran de ser recompensados con tal castigo en este mundo, con toda probabilidad habría trastornado todo el orden que Dios ha establecido aquí entre los hombres. Pues ¿quién hubiera podido soportar ver aquí las llamas de fuego, oír los gemidos y ver las lágrimas, quizás, de parientes condenados, como padres o hijos? Por tanto, como Tofet de antaño estaba fuera de la ciudad, y como las horcas se construyen fuera de los pueblos; así Cristo ha ordenado que aquellos que han de ser castigados con esta clase de tormento sean apartados: «Echadle» (fuera de este mundo) «en las tinieblas de afuera», dice él, y que tenga allí su castigo: «allí será el lloro y el crujir de dientes» (Mateo 22:13). Además, la fe no se obra mirando al infierno y viendo a los condenados atormentados ante nuestros ojos, sino «oyendo la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Pues el que no creyere a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirá aunque alguno se levantase de los muertos, sí, aunque alguno viniese a ellos en llamas para persuadirlos (Lucas 16:27-31).