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1693·La común fe
Pregunta 262 de 288
De la abnegación

¿Quiénes más toleran sus pecados?

Respuesta

Los que escogen andar por las vidas imperfectas de los profesantes antes que por la santa Palabra de Dios; o así, los que hacen de los errores de algunos hombres buenos un aliento para sí mismos para abstenerse de ser exactos en la abnegación; éstos «comen del pecado de mi pueblo» como los hombres comen pan ().

Leer los 1 textos de prueba (Reina-Valera)
Oseas 4:7-9
7Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también yo cambiaré su honra en afrenta. 8Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma. 9Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras.

En la Confesión de 1689

13.3 De la santificación
En dicha guerra, aunque la corrupción remanente prevalezca mucho por un tiempo; aun así, los regenerados vencen mediante la continua provisión de fuerzas por parte del Espíritu santificador de Cristo. Así los santos crecen en la gracia, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, prosiguiendo hacia una vida celestial, en obediencia evangélica a todos los mandatos que Cristo, como Cabeza y Rey, les ha prescrito en Su Palabra.
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21.3 De la libertad cristiana y la libertad de conciencia
Los que bajo el pretexto de la libertad cristiana practican cualquier pecado o abrigan cualquier deseo pecaminoso, como pervierten por ello el propósito principal de la gracia del evangelio, para su propia destrucción, así también destruyen completamente la finalidad de la libertad cristiana, que es, que siendo librados de las manos de todos nuestros enemigos, sirvamos al Señor sin temor, en santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días.
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Una fe que obra
¿Somos santificados por la sola fe? ¿O hay que añadir obras a la fe? La respuesta es que no es cuestión de añadir obras a la fe. Es cuestión de que la fe obre (Gá. 5:6).
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 187.
El Espíritu da fuerza; el creyente lucha
Este párrafo ofrece una definición del crecimiento que refleja el énfasis de las Escrituras (Filipenses 2.12-13; Romanos 8.13). Equilibra dos verdades importantes: el Espíritu proporciona fuerza santificadora a los creyentes, mientras que estos deben perseguir la obediencia evangélica.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 13, sección «La guerra continua y el avance».