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1693·La común fe
Pregunta 25 de 82
Cristo, el Redentor

¿Cómo cumple Cristo el oficio de Rey?

Respuesta

Cristo cumple el oficio de rey al sujetarnos a sí mismo (), al gobernarnos y defendernos (; ) y al restringir y vencer a todos sus enemigos y los nuestros.

Leer los 3 textos de prueba (Reina-Valera)
Salmo 110:3
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, En la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora Tienes tú el rocío de tu juventud.
Mateo 2:6
Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
1 Corintios 15:25
Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

En la Confesión de 1689

8.10 De Cristo el Mediador
Este número y orden de oficios es necesario; pues, por nuestra ignorancia, estamos en necesidad de Su oficio profético; por nuestro alejamiento de Dios y la imperfección del mejor de nuestros servicios, necesitamos Su oficio sacerdotal para reconciliarnos con Dios y presentarnos aceptables a Él; y, por nuestra aversión y total incapacidad para volvernos a Dios, rescatarnos a nosotros mismos y protegernos de nuestros adversarios espirituales, necesitamos Su oficio regio para convencernos, someternos, atraernos, sostenernos, librarnos y preservarnos para Su Reino celestial.
Leer el capítulo con sus pruebas →
26.4 De la Iglesia
La Cabeza de la Iglesia es el Señor Jesucristo, quien por designación del Padre está investido de una manera suprema y soberana con toda autoridad para el llamamiento, institución, orden o gobierno de la Iglesia. No puede el Papa de Roma ser cabeza de esta en ningún sentido, sino que él es ese anticristo, ese hombre de pecado e hijo de perdición, que se exalta en la Iglesia contra Cristo y contra todo lo que se llama Dios; a quien el Señor destruirá con el resplandor de Su venida.
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«Ese» anticristo
Debe notarse que la frase designa al papa como ese Anticristo, no "el" Anticristo. […] A diferencia de las interpretaciones romanas, entre los protestantes, el Anticristo no era identificado como un individuo, sino como una designación de un sistema dominado por hombres.
James M. Renihan, Para el lector juicioso e imparcial (Confesionalidad Bautista, vol. II), Legado Bautista Confesional, cap. 26, sección «La Relación de lo Invisible y lo Visible: La verdadera Cabeza de la Iglesia».