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1693·La común fe
Pregunta 57 de 114
El deber que Dios demanda del hombre

¿Cuáles son las razones anexas al segundo mandamiento?

Respuesta

Las razones anexas al segundo mandamiento son: la soberanía de Dios sobre nosotros (), su derecho de propiedad sobre nosotros (), y el celo que él tiene por su propia adoración ().

Leer los 3 textos de prueba (Reina-Valera)
Salmos 95:2-3, 6
2Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos. 3Porque Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses. 6Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
Salmos 45:11
Y deseará el rey tu hermosura; E inclínate a él, porque él es tu señor.
Éxodo 34:13-14
13Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. 14Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

En la Confesión de 1689

22.1 De la adoración religiosa y el día de reposo
La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios que tiene señorío y soberanía sobre todo; [que] es justo, bueno y hace el bien a todos; por lo tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, se debe confiar en Él y debe ser servido con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Pero la manera aceptable de adorar al Dios verdadero está instituida por Él mismo; y [está] tan delimitada por Su propia voluntad revelada que no puede ser adorado conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres ni las sugerencias de Satanás, [ni] por medio de ninguna representación visible, ni de ninguna otra manera no prescrita en las Santas Escrituras.
Leer el capítulo con sus pruebas →
El principio regulador
G.I. Williamson expresa provechosa y popularmente el principio ejemplificado en la Confesión: ‘Lo que se manda es correcto, y lo que no se manda es erróneo’.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 273.
¿Por qué tanta ligereza en el culto?
Con este amplio apoyo bíblico, ¿por qué son los hombres tan indulgentes en su adoración? Es porque el Dios de los hombres modernos no es un Dios que ha de ser temido.
Samuel E. Waldron, Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, Evangelical Press, 1997, p. 276.