Pregunta 114 de 114
El evangelio y los medios de gracia
¿Qué enseña la conclusión de la Oración del Señor?
Respuesta
La conclusión de la Oración del Señor, que es: «Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén» (), nos enseña a recibir nuestro ánimo en la oración de Dios solamente (), y a alabarlo en nuestras oraciones, atribuyéndole el reino, el poder y la gloria (), y en testimonio de nuestro deseo y seguridad de ser escuchados, decimos: Amén ().
Leer los 4 textos de prueba (Reina-Valera)
- Mateo 6:13
- Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
- Daniel 9:4, 7-9, 16-19
- 4Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos 7Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. 8Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. 9De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado 16Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro. 17Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. 18Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. 19Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
- 1 Crónicas 29:10-13
- 10Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. 11Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. 12Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. 13Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre.
- Apocalipsis 22:20-21
- 20El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. 21La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
En la Confesión de 1689
22.3 De la adoración religiosa y el día de reposo
La oración con acción de gracias, por ser una parte especial de la adoración natural, es requerida por Dios de todos los hombres. Pero, para que sea aceptada, debe ser hecha en el Nombre del Hijo, con la ayuda del Espíritu, conforme a Su voluntad; con entendimiento, reverencia, humildad, fervor, fe, amor y perseverancia; y cuando [se ore] con otros, [se debe orar] en una lengua conocida.Leer el capítulo con sus pruebas →
22.4 De la adoración religiosa y el día de reposo
La oración debe hacerse por cosas lícitas, y por toda clase de hombres que viven o vivirán más adelante; pero no [debe hacerse] por los muertos, ni por aquellos de quienes se puede saber que han cometido el pecado de muerte.Leer el capítulo con sus pruebas →
Orar con entendimiento
La primera, la comprensión, sitúa firmemente la oración en el ámbito de la realidad. No es una experiencia mística, sino un ejercicio del intelecto.
«En una lengua conocida»
¿Abren las confesiones aquí la puerta para la práctica de hablar en lenguas? La respuesta simple es un firme no.